Cualquier acercamiento serio a la viticultura biodinámica se basa en la conciencia de que nuestra relación con la naturaleza y la tecnología, la manera de producir vinos y alimentos determinan directamente la vida cotidiana y las relaciones sociales que la animan.

Una viticultura de tipo industrial, con protocolos estandarizados y la utilización de agroquímicos (fertilizantes, herbicidas, pesticidas) responde a un modelo de explotación de la naturaleza y de mercantilización de nuestras vidas.

Por el contrario, la viticultura biodinámica nos invita a co-crear un nuevo círculo virtuoso entre calidad del ambiente, calidad del producto y calidad de las relaciones sociales.

En su sentido más amplio, la biodinámica es una manera de re-interpretar la agricultura: quiere volver a colocar al cultivo responsable de la tierra en el centro de la sociedad y enfrentar algunas de las más graves aberraciones de nuestra época: la perdida de vitalidad de los suelos y del valor nutritivo de los alimentos, la contaminación ambiental, el desastre ecológico.

A pesar de lo que dicen sus detractores, no hay brujerías en el método biodinámico: es la actualización de prácticas ancestrales a través de conocimientos modernos, intentando mediar entre ciencia, naturaleza e intuición.

Los primeros agricultores que practicaron la biodinámica anticiparon el rechazo del uso de productos de síntesis química que luego propuso la agricultura orgánica. Fueron ecologistas cuando todavía esa palabra no existía. Pero el método orgánico no es suficiente, la viticultura biodinámica amplía y profundiza su postura con el propósito de trabajar para obtener una finca autosustentable, devolviendo al suelo su fertilidad y la energía que se le quita con la producción de uva, a través de la aplicación de compost y abonos verdes.

El objetivo final es generar un ecosistema biodiverso de animales y plantas capaz de crear condiciones de salud en equilibrio y previniendo la proliferación de pestes. Como decía Stefano Bellotti - agricultor-filosofo, uno de los primeros en practicar la biodinámica en Italia: “la agricultura no es natural, pero es lícita sólo si cada día reconstruye el equilibrio natural que ha destruido”.

La biodinámica nos lleva a rechazar la degeneración de un vino masificado, siempre igual a sí mismo gracias a la técnica y a la química para, en cambio, enfocarse en el cuidado del suelo, en el trabajo manual, en la espontaneidad del vino.

La evolución de esa línea de pensamiento es el vino natural. Con ese termino entendemos un vino producto de prácticas agroecológicas o biodinámicas y con una enología de no intervención: consecuencia de fermentaciones espontáneas a través de levaduras indígenas que se encuentran en la uva y en la bodega misma, sin filtraciones ni corrección con productos sintéticos y, sobre todo, un uso consciente de los sulfitos que se acerca a cero.

Los sulfitos funcionan como antisépticos, antioxidantes y conservantes, son un instrumento fundamental para el vino industrial y a gran escala. Pero también tienen efectos negativos: son dañinos para la flora intestinal dificultando la digestión del vino y, eventualmente, causando dolor de cabeza mientras que en el plano organoléptico le quitan volumen y expresividad al vino.

El vino natural, orgánico y biodinámico, es entonces un vino más libre de la prisión de los agroquímicos, de la estandarización y de sus reglas, libre de expresar de manera auténtica la identidad de cada terruño. Un vino orgullosamente anti-industrial, único. Dedicado a bebedores más libres.