En 2016, la revista estadunidense Vox investigó el sistema de los puntajes del vino. Decidió comparar los juicios de tres reconocidas páginas web de críticos profesionales con CellarTracker, la más popular “community” de apasionados de vinos que contaba en ese momento con más de 113.000 usuarios, que acumulaban 6,3 millones de reseñas sobre 2,2 millones de vinos.

 

Los críticos elegidos para la comparación fueron los de Wine Advocate (Robert Parker), International Wine Cellar (ahora Vinous, de Stephen Tanzer) y Jancis Robinson. La investigación se enfocó en los vinos Californianos, pero los sorprendentes resultados nos dicen algo muy importante sobre el sistema de la crítica del vino, también en Argentina: los críticos tuvieron una gran importancia en el pasado, pero tal vez ya no es así en la era de internet.

 

Normalmente los críticos profesionales descalifican los juicios de los consumidores por qué estos tendrían un paladar poco refinado, fácil de influenciar y con poca experiencia. Pero el estudio de Vox descubrió que los juicios de los usuarios de CellarTracker son muy (MUY) parecidos a los juicios otorgados por los tres críticos sobre los mismos vinos.

 

Es más, las divergencias mayores se dan entre los críticos mismos y no comparando a los críticos con los usuarios no profesionales.

 

También se evidenció que los puntajes tienden a ser aún más parecidos para los vinos de alta gama. Si a esto le sumamos que, según el fundador de CellarTracker, el usuario promedio puntúa alrededor de 49 vinos y hay más de 2000 de ellos que puntuaron al menos 500 botellas, está claro que ya no estamos hablando de una comunidad de amateurs, sino de aficionados expertos y que toman muy en serio sus puntuaciones.

 

Es verdad que el público tiene una cierta dispersión individual, pero esta investigación nos demuestra que el conjunto funciona tan bien como el experto.

 

Tanta diferencia entre los juicios de los críticos profesionales significa que el gusto personal tiene mucha importancia, también para ellos. Pero si el gusto personal es lo que define un juicio, entonces que es lo que hace a un crítico profesional más confiable que un bebedor apasionado y desinteresado?

 

Además no tenemos que olvidar que el experto es parte de un sistema de relaciones que lo influencian y que en alguna medida le quitan libertad de juicio. El crítico profesional cae entonces en una paradoja: por un lado busca y premia lo distinto, lo único; por el otro empuja al público (y a los productores) a jugar según sus reglas, impidiendo de hecho el desarrollo de lo distinto.

 

No existen evaluaciones imparciales. En Chakana pensamos que expertos y publico degustan en las mismas condiciones de subjetividad, y gracias a internet y a la posibilidad de reseñas socializadas como las de CellarTracker, tenemos acceso a las dos versiones.

 

¿Sos consumidor de vino? Para nosotros tu opinión cuenta.

 

(Aquí se puede leer la investigación completa, en inglés)