No somos sustentables

La sustentabilidad se ha puesto de moda. En el ambiente corporativo parecería que declararse sustentable es un requerimiento y una herramienta de marketing indispensable. Empresas cuya razón de ser está inequivocamente enemistada con la visión de un mundo biodiverso, igualitario y “natural” (si se me permite la deliberada indefinición del tçermino), como Unilever, Ford, YPF o Natura, se presentan en seminarios públicos como adalides de un mundo “sustentable”. Y proponen entender “las claves para crecer cuidando todo” (¿?).


El primer problema que esto me ocasiona es que no entiendo exactamente 
qué se desea “sostener”. Como bien reflexiona Daniel de Poorter Vazquez (2014) de la Universidad de Málaga, no parece existir un consenso sobre el objeto de la sostenibilidad: ¿Son los recursos naturales? ¿Los niveles de producción y consumo? ¿Los ciclos ecológicos? ¿Los factores productivos? ¿Los recursos ambientales no renovables? ¿El crecimiento económico?

Está claro por qué hemos llegado hasta aquí y cómo hemos puesto en crisis nuestra propia existencia como especie. Esto ha sido la consecuencia de un modelo productivo y agrícola extractivo que impone el crecimiento infinito, el consumo y el desperdicio como condición de supervivencia. Y que da por descontado que “el genio humano siempre será capaz de sobrepasar la demanda a través de la innovación tecnológica”. El estado actual del planeta no parece dar testimonio de
esta afirmación.

Desde nuestro punto de vista la sustentabilidad se ha transformado en un fetiche ideológico vacío, que permite que cualquier gesto cínico se disfrace de bienintencionado y devalúe las iniciativas genuinas, como en el caso de la esforzada feria anual de vinos orgánicos de Buenos Aires, que se ha transformado en feria de vinos sustentables por razones que no me quedan claras pero de las que sospecho profundamente.

Entendemos que el problema de la crisis climática es un síntoma de la disfuncionalidad de la sociedad contemporánea que requiere de una 
profunda revisión de valores que sólo es posible a nivel individual para impulsar el rescate de métodos de producción, distribución y consumo más coherentes con la salud de la especie y del planeta. La tecnología es y ha sido una herramienta extraordinaria para la humanidad, pero citando a Brian Arthur, “la tecnología es parte del orden más profundo de las cosas. Pero nuestro inconsciente distingue entre una tecnología que nos esclaviza y una que extiende nuestra naturaleza. Esta es la distinción correcta. No debemos aceptar una tecnología que nos quita la vida; ni tenemos que aceptar lo posible
como deseable.” Poco a poco nos parece que otros actores se hacen eco de esta necesidad, comenzando por la inocente Greta Thunberg y el movimiento generacional que su posición ha despertado, hasta Extintion Rebellion, que desafía abiertamente la triste paradoja de que nos es 
más fácil imaginar el fin del planeta que el colapso del capitalismo.

En este contexto nosotros declaramos, humilde y soberanamente, que no queremos ser sustentables, que no reemplazamos insumos químicos por los mismos insumos de origen “natural”, ni compartimos una lógica de consumo y engaño. Nos gusta más declararnos biológicos, biodinámicos, orgánicos, naturales, a pesar del desprecio de los cínicos. Ese es nuestro granito de arena.  

Referencias

  • Arthur, Brian (2009), The Nature of Technology
  • De Poorter Vazquez (2014), Una critica al ideario del desarrollo sostenible actual, Revista
  • Iberoamericana de Organización de Empresas y Marketing